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De
la necesidad de "significar", inherente al hombre, se esboza
la comprensión de su origen, imprescindible representación
de nuestros deseos, placeres, sueños y realidad.
Acercarnos a la idea de que
el hombre adulto y el niño tienen en su origen algo que los constituye,
nos confronta con la relevancia del aprendizaje del significar en los
primeros años de vida. Esta propuesta que se inicia en la relación
entre el mundo y el hombre creador de significado, concluye en un acercamiento
a la comprensión de la experiencia creativa del niño y
el artista.
En ambos la creación
se resuelve como una necesidad cuya cualidad es la de su irreplicabilidad
ya que la creación en la primera infancia como tal no se experimenta
durante otra etapa de la vida del hombre. En esta relación se
descubre una necesidad significativa del ejercicio de simbolizar, seguida
de una total entrega a la representación consecuente del mundo.
Finalmente, la necesidad de clarificar los rasgos similares y las diferencias
entre la expresión artística libre del niño y el
proceso creativo del artista, nos ha llevado a citar una experiencia
formativa para el acercamiento entre la expresión artística
del niño y la de los estudiantes de arte.
No se puede imaginar la actividad de simbolizar separadamente de la
imaginación y la creatividad humanas, ya que el hombre vive en
un universo simbólico. Los símbolos son el funcionamiento
del pensamiento, no son herramientas del pensamiento. [...] Son los
medios de que disponemos para "hacer" la realidad y sintetizar el mundo...y
en el proceso de la actividad simbólica, los seres humanos se
ocupan de crear significado, de resolver problemas de modo imaginativo,
y de producir problemas con igual creatividad [...].5
Gardner Howard, Arte, mente y cerebro: una aproximación cognitiva
a la creatividad. Barcelona, Paidós: 2001, p. 64 |
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